lunes, 18 de septiembre de 2017

THE BLACK WATCH_THE GOSPEL ACCORDING TO JOHN/2017: EL EVANGELIO MÁS ESPERADO



En los primeros coletazos de este convulso 2017. Donde ya fueran unos veteranos como The Bats los que sentaran cátedra. Abanderando el regreso de algunas de las bandas más recónditas de éste, nuestro universo sonoro con fecha de caducidad.
Es más que evidente que a falta de revulsivos de buena y nueva savia amargante. No es que las tortas sean suficientes. Pero seguramente serán las que (por suerte), salven un año falto de discos donde mojar pan, rebañar y chuparse los dedos.

Debería quizás, haber arrancado el final del estío con un escrito rememorando mis andaduras por las tierras Itálicas. De intensa licenciatura en Grappas, posos de café y cremosas texturas de helados.
Porque doy fe, que en quince días, me he propuesto y aplicado en no dejar una comida sin su correspondiente espresso, espirituoso y helado final; como postre. Cuneo, Orbieto, Tarquinia, Roma, Montalcino, Montefiascone, Bologna, Mantova y Ravenna, han sido las cómplices.


Pero sin más rodeos que dar, que los 3600 Km aprox. recorridos. Es ahora y antes de incorporarme a mi sustento laboral, cuando no quiero dejar pasar un instante más para escribir sobre uno de esos regresos cosecha de los 90 con nueva y reluciente añada, que más me ha emocionado en lo que llevamos de 2017.
Los veteranos Californianos The Blackwatch tienen nuevo disco; de los veinte que ya llevan a sus espaldas desde el 88. Pese a esa longeva trayectoria, la banda de John Andrew Fredrick; tras la huida de su vocalista Steven Schayer a The Chills en el 2008. Sigue siendo uno de los tesoros más injustamente escondidos de la escena Poprock americana.
Es más que probable que algún malpensado crea que su discografía no merece mucho más que eso: La de la curiosidad por ser uno de esos productos neutros, que no han sido lo bastante alternativos para llamar la atención del moderneo, ni lo suficientemente solemnes y de culto como para por lo menos ser parte de las citas recurrentes e influyentes. De esos hay muchos: Habitantes del limbo musical poco promocionable: The Church, Lloyd Cole, Dream Syndicate, Go Betweens, Diesel Park West, The Clean o The Soft Boys.


Para beber de estas anomalías ya estamos los bichos raros. Un poco hartos de los gestos predecibles y del recurso fácil.
Pese a la rareza de su abandono, y aunque admito que no había vuelto a escribir una línea desde aquel LED ZEPPELIN FIVE del 2011, que me los descubrió. Y no porque su posteriores tres discos hayan desmerecido en absoluto. THE GOSPEL ACCORDING TO JOHN me parece de una concreción tan absoluta y determinante, que puede que en él esté la esencia de casi 30 años de su carrera.

Concentrado y condensado de ese espíritu psicodélico discreto, y con todavía el alma inicial Powerpopera que le viene de casta Californiana. Este trabajo lleva con sigo una rabia dulce que hasta podría encamar a The Church con los Chameleons más accesibles.
Porque no me dirán que “Whence”; con quien despega este disco. No atesora la misma bendita hermosura que aquel virginal OF SKINS AND HEART del cuarteto de las antípodas.
Esos medios tiempos abrasivos que no llegan a manosear la distorsión, sino que la acarician. Que no plegan su guiño a la psicodelia en detrimento de la melodía cristalina; incluso que equilibran con precisión quirúrgica esa sensación de dulce amargura. Y que elevan “Way Strange World” al súmmum frágil de unos Bunnymen directos, y fieles a LA CANCIÓN.
En “The All-right side of Just OK” reluce la afilada producción de Rob Campanella (Brian Jonestown Massacre); quien los ha dotado en esta ocasión de un sonido más contemporáneo y oscuro. Pero es en “A Story” donde podemos ver a unos Black Watch más reconocibles. Claramente alejados de sus anteriores trabajos de sonido más marcadamente Powerpopero, pero igualmente fieles a su idea de tejer armonías. Si bien es cierto que este trabajo las guitarras destacan por sus rasgos cortantes y abruptos.

Jealosy” y “Oscillating Redux” retoman con clarividencia los dejes característicos que tanto me recuerdan a Kilbey y sus muchachos. Aunque seguramente la incorporación del nuevo guitarrista Andy Craighton sean la razón más clara para que la banda de los Angeles, suene esta vez tan contundente y demoledora.
Orange Kicks” ataca desde abajo, siendo uno de los cortes de altos vuelos igual que su cierre con la mastodóntica “Satellite”. Y sin dudarlo un instante, las pruebas más claras de que estamos ante uno de los álbumes del año. Discos como este, que no se andan con rodeos sino que exploran con intensidad inaudita las múltiples vertientes de la Psicodelia, del Rock americano. Y el sinfín de posibilidades dan los géneros, siempre y cuando sean las canciones las jefas del asunto.

No es cuestión ya de calidad, sino de sustancia. Y porque no, la excusa perfecta para adentrarse en la amplia, rica, imperecedera y maravillosamente prolífica discografía de esta estupenda banda.

sábado, 16 de septiembre de 2017

NITE JEWEL: CONFITURAS ANGELICALES_ Sidecar_12/09/2017



Dirán que la mayoría de criaturas, cuando se avecina lo inevitable: El primer día de curso y ese insoportable olor a goma de borrar doblando la esquina, o el hedor a madera de los lapiceros baratos; que se te metía hasta el santo cerebro (esto igual ha cambiado la informatización de las aulas, pero da igual).
Como decía: Igual la mayoría no duerme esa noche, o se les sube el estómago anudándoles la garganta. Probablemente muchos sean incapaces de controlar su esfínter, y hasta se descompogan.

Pero luego están los otros (que también son bastantes). Los que se despiertan una hora antes; pero de pasión e impaciencia. Los que no esperan a que el curso arranque, sino que dan por sentado el inicio pistola en mano. De esos -aunque yo fuese de los cagaos que no comía dos días antes del cole- Ahora que ya se lo que me gusta y tengo esa condición por el poder que me otorga la madurez y el no dar explicaciones a nadie. Me he dado el gusto de iniciar un excitante Otoño de conciertos. Con uno de esos, que más que certificar mis gustos y claras preferencias, escarba en mi innata curiosidad por no poner límites a los puñeteros y esclavistas “hábitos”.
Ya saben. Eso que cultivamos toda la puta vida pensando que nos proporciona esa falsa sensación de seguridad, pero que al final se convierten en rutina, y cárcel en vida.

El primer disco que cayó en mis manos de esta menuda Angelina de origen Mejicano: ONE SECOND OF LOVE, del 2012. Fue revelador, más que por el sonido global del álbum, por una canción en concreto: “No I Don't”.
Una señal clara e inequívoca, de que tras su primera apariencia aterciopelada, sensual y hasta cierto punto mainstrean. Se escondía un basto territorio donde sumergirte, y no salir indemne.

En los cuatro años siguientes que se dio, hasta la publicación de su tercer disco. Hubo tiempo para pensar que en el camino se han quedado esas aristas de electro negro, que salpicaban aquel disco. Que irremediablemente se ha vuelto blanda, cómoda y algo autoindulgente.
Pero tras verla sobre el escenario a pelo. En un concierto de tan Petit comité. Que solo éramos una cincuentena en la ciudad de Barcelona, con el misma curiosidad y valor para zambullirnos en su idealista discurso. Solo me queda una respuesta por conclusión: Nos falta arresto, y andamos sobrados de exceso de autoprotección. Posiblemente por eso que decía antes: La seguridad y confort que te dan tus gustos, o te convierten a la larga en un burgués de las santas tradiciones, o en un ser superficial que va donde dijo Vicente.

Es una opinión, faltaría más. Pero siento que nos queda esa sorpresa inesperada de mirarnos al espejo, y sentir la estupefacción de perder las formas.
Ramona Gonzalez en toda su pequeñez y aires de diva de periferia. Dio este pasado Martes en un escueto set, más pruebas de versatibilidad y creatividad funcional. Que cualquier experimento verbenero o pecado de presuntuosidad; ya sea del material estándar que se cocina en la actualidad, o del más sacrosanto de los músicos que nos empeñamos en mitificar. Hecho fácil, al momento, instantáneo. Sin ni tan siquiera obcecarse con presentarnos su último e interesante disco, en una batalla teutónica y perdida de antemano.
Más que nada, porque ella sabe mejor que nadie, que su material da para infinidad de puestas en escena. No en vano, su poso callejero y heredado del Hip Hop, retroalimenta y mucho su actitud sobre el escenario. Solo que para su bien, sus canciones beben de muchísimas cosas más: Un Funk vestido de Soul exquisito que campó sobretodo a sus anchas. Pero también de la esencia electropopera de los 80 esa que descubre que su música, no solo evidencia ese R&B que siempre se cita, sino de una base electrónica orgánica capaz de adaptarse a su voz igual que lo hicieran Massive Attack en los mejores momentos del Blue Lines.
Y algo que la hace única y creo que es lo más importante: Su virtud y talento especial para normalizar estilos musicales que normalmente la escena musical acaba estandarizando, incluso convirtiendo en una parodia sin alma.


Una hora y poco más que recorrió su principales temas yendo al grano; los caprichos del PS como promotor así son, para bien o para mal. Acompañada de su fiel escudero Damon Riddick: Un virtuoso de los sintes multiplicado por si mismo. Y con ella combinando micro, un pequeño teclado y sus dotes para ejercer de dulce portavoz.
Con un entusiasmo propio de quien se siente cómoda en los espacios reducidos, pese a que su música por expansión bien podría convertirla en otra de tantas. Dicharachera, bromista y emocionada por su primera visita a Barcelona. Nos dio una lección de profesionalidad y pasión para tomar nota; teniendo en cuenta el escaso público que vino a verla (cincuenta sin exagerar, más dos turistas que por allí pasaban). Como lo cuento.
Por suerte, los pocos que habíamos: O éramos ávidos y aventureros, o incondicionales; 50, insisto. Tampoco creáis que para que la cosa funcione se necesitan muchos más. Con salas repletas he visto más vida en el museo de cera de la Rambla.
Sonó “In the Nite”, el corte que abre con sensualidad su último trabajo e inmediatamente “The Answer”: Una de las joyas más orgánicas y flotantes, que a todos nos puso en unísono balanceo. Dándose la mano con “Wo Ho” y entrando directamente por faena en una juguetona pieza de esas que campan por sus varios Ep's “Want you Back”: Un cambio de registro en pleno éxtasis Funk que nos llevó de viaje a esos años locos del Studio 54 y las diabluras de David Mancuso, con una cover de Nite Funk en su estrecha colaboración con Dân Funk a ritmo de “Let Me be Me”.
Volvimos a levantar el vuelo con la íntima “Part of Me”, basada en una de los primeros escritos de una Ramona adolescente. Pero sin descanso ya y con la química hecha, era cuestión de tiempo la vuelta a bailar. “I Don't Know” saltarina y la maravillosa y escondida “Nowhere to Go”; un tema perdido en los bits del Gran Theft Auto V. Luego “2 Good 2 be True” que abría aquel primer gran disco que nos la dio a conocer. Y a vueltas con el sonido Mantronix de “I Confess” de Omar-S y otra versión más, esta vez de Janet Jackson en una emotiva “Let's Wait a While”.
Para acabar recuperó el pulso con “What Did He Say” sin renunciar a sus inicios de aquel desconocido debut del año 2009. Y nos acabó poniendo en órbita con una espectacular versión de su “Running out of Time”. Más propia de Future Islands o de un clásico del Synthpop de los 80, que de su particular forma de interpretar el R&B, el Funk fibroso y depurado con todas sus negras y electrónicas referencias.

En realidad, bien pensado, son más las analogías que la distancia que separa a todos estos géneros. Porque hay más hilos conductores que los unen, que los que los separan. Al final solo es cuestión de no huir despavorido cuando es la sensibilidad por encima de los medios, la que hace grande la música, la creatividad y la libertad para avanzar y retroceder sin importar el tiempo.

miércoles, 23 de agosto de 2017

SALÍMOS DE VACACIONES, PERO SOLO PARA EXPANDIR NUESTRO UNIVERSO



Italia es nuestro territorio, y la música que nos acompañe sobre la marcha nuestra banda sonora. Porque mucho de lo que la retina ve y el corazón bombea, siempre, siempre, lo imprimen los textos.
Nos vemos!!




VIAJAR CON ELF POWER ES VIAJAR, QUIZÁS CON EL CORAZÓN? (Switching Time/2017 y sus consecuencias)




Pasa a veces con los regresos de aquellas bandas que se perdieron en un rincón de nuestra memoria; allí donde nunca jamás se vuelve a sacar el polvo. O donde ya casi ni recordamos salvo por hazañas de juventud, aquellos sonidos en forma de conversación que nos sintieron jóvenes y que eludimos mentar por miedo...
Uno: A parecer unos carcamales que se obcecan en contar batallas como si éstas fueran míticas o inigualables.
Y dos: Porque en ocasiones nos damos cuenta que aquella juventud efervescente los magnificaba sin igual, y ahora, lo que nos sorprende es que aquello nos gustase de igual forma.
Pero hay una tercera opción, y a pesar en cualquier caso, que dichas bandas regresen pareciendo una sombra desdibujada de lo que fueron; o no. Cabe la opción que por activa o por pasiva, nos empujen a rebobinar nuestra maltrecha memoria y volvamos sobre nuestros pasos a aquellos balbuceantes sonidos como si surfeásemos sobre una tabla de Ouija. Algo, dicho sea de paso, que considero saludable si se tiene una cierta edad (igual con 20 pues no sirve). Pero que de alguna forma nos reencuentra con nosotros mismos. Aunque solo sea para certificar que eso que vemos ante nuestros pies es un precipicio, sí.
Que no, que no voy a sacar el bastón y a profetizar. Pero, ni todo ahora es tan bonico como nuestro inocente pasado. Ni me vais a quitar las ganas de hablar de cosas muy pasadas y que me siguen pareciendo tan y taaaan actuales...


Es curioso como en este caso, tras escuchar el regreso de una banda como ELF POWER tras 15 años sin haberlos vuelto a escuchar; pese a haber seguido publicando trabajos, de manera intermitente eso sí. Uno haya sido capaz de alcanzar de nuevo a entender la particular mecánica de su sonido a base de involucionar dieciocho años atrás.
Admito que las primeras tres escuchas de TWITCHING IN TIME; su álbum más reciente. No fueran las que de golpe me trasladasen a esa brizna de recuerdo residual. Pasando a veces como suele: que uno distorsiona más de lo que quisiera, recuerdos de juventud aun moza.
Así que su último trabajo por mucha insistencia que le haya puesto en su momento, me ha acabado aburriendo y me duele decirlo. Ya que mi recuerdo más palpitante de la banda de Athems era de fuegos de artificio, quimicefas musicales y santería pagana puramente psicodélica tirando a marciana. Tanto, que incluso su evolución hacia THE WINTER IS COMING/2000 y CREATURES/2002 que se aposenta en un folk espiritual de reminiscencias orientales, siguiera pareciendo parte del camino lógico al que la banda ya te había empujado y que ahora al cabo de los años debes reaprender.




Dicho esto y por puro nihilismo vehemente. He pasado lo que me restaba hasta coger las vacaciones, volcado en un experimento puramente casual con los 4 discos que me sirvieron de iniciación bajo el brazo. O en este caso, en la guantera de la furgoneta del trabajo.
Viaje arriba y viaje abajo de Sabadell a Moià: Una ruta en solitario que recorrí en su día en bici (pero desde Badalona), con 16 años. Y que he repetido por estas fechas de Agosto en numerosas ocasiones y con un significado parecido: solo, con el paisaje, mi música y recuerdos de casi toda una vida.
Hacerlo con parte de la discografía de ELF POWER. Que ilustraron una época de mi vida tan curiosa y trascendental (independencia, paternidad y desapego con algunas músicas en boga). Es como volver a repasar una parte de tu vida, que ya con 47 años te hace adquirir conciencia del momento que te toca vivir ahora y como ha ido (o has ido) cambiado.
Incluso lo más importante: alcanzar a entender de nuevo el universo particularísimo de esta banda. Donde bien podría incluir a Pavement, Sparklehorse, Olivia Tremor Control e incluso a Gorkys Zigotic Mynci y Beulah. No solo por influencias musicales, sino conceptuales o por ser una base importante de mi alejamiento del britanismo superficial para mi en aquella época.
Hay capítulos del microcosmos musical que a día de hoy, justo cuando todo se cree ya sabido, explotado y voceado. Siguen perteneciendo a un universo inexplorado y poco dado a la revisión.




Hablar como comprenderéis, de la banda liderada por Andrew Rieger y su pareja Laura Carter allá por el 1994 con dieciséis trabajos bajo el brazo, sería tan absurdo como innecesario. Sobretodo intentar analizar disco por disco su carrera.
Básicamente porque como os he dicho. Es imposible caer en su mundo, entenderlo medianamente y engranar con su mecánica, sin escuchar la historia de boca del protagonista desde el principio.

  • Volví a introducir el CD en el reproductor después de 18 años acumulando polvo.
Con el polvo, el sedimento como las escamas de la piel que alimentan a los ácaros invisibles. Y que prácticamente te la mudan cada década, imposibilitando volver al pasado.
Aveces parece que nuestro camino no tiene marcha atrás. Vas dejando cosas, soltando lastre hasta que llega un momento de tu vida en el que te aferras al pasado por culpa del presente. Allí es cuando de verdad debes hacer un esfuerzo titánico y someterte a un intenso.
Pero con “Will my Feet Still Carry me Home” es fácil. Allí parecía que David Fridmann (Flaming Lips, Mercuri Rev), estaba tanteando lo que vendría a ser el mismo año Soft Bulletin; el disco que lanzó al estrellato masivo a Flaming Lips. Solo que en A DREAM ON SOUND todo parecía ser más libre, innato y natural.
ELF POWER siempre han tenido una cualidad y virtud imposible de emular por otros, su magia. Sus discos pueden ser más directos como este, o llenos de espesura como los siguientes. Pero siempre hay una explosión de luz, un destello. Un me importa un carajo ser, parecer o intentar cuando todo sale así, por combustión espontánea y fácil; sus canciones suenan fáciles.
Will my Feet Still Carry me Home” es un susurro al júbilo con esa misma elasticidad que tenía Leandro, el niño de los del entresuelo. Que subía, caía y volvía a subir por aquel arco metálico lleno de barrotes del parque de la plaza. A ti se desollaban las rodillas cuesta abajo y jugando al pañuelo, pero a él todo le parecía resbalar y dar un plus de energía. Gimoteaba y trotaban los tambores de “High Atop the silver Branches” con un hilillo de voz inofensivo digno de quien solo parece querer ser un instrumento más de la fanfarria. Había otros que gritaban e intentaban ser elocuentes, pero aquí todo sucede por pura química; solo que sin fórmulas testeadas.

A DREAM IN SOUND como su propio nombre define: es un juego sin reglas, en manos de una criatura con mucha imaginación. Una orquesta de deshechos bien aprovechados, que generan una orgía en pleno juego de mamás y papás: Toco aquí, y que sientes? Te gusta?
Ella gemía de placer, se reía con una risa histérica y adictiva... y era tan excitante.
Pasaron los años creció y se fue con el hijo del carnicero alto y fuerte. Pero cada vez que sonaba “Jane” se emocionaba y rompía a llorar. Se consolaba en las fiestas del pueblo cuando era la orquesta la que tocaba “Olde Tyme Waves” a manos de un espigado arlequín con sombrero de copa. Pero al fin y al cabo solo eran los diminutos recuerdos del carrusel de canciones que nos ocupa, esa síntesis exacta y precisa de todo un largo discurso al que le sobran la mayoría de aclaraciones, asteriscos y metáforas.
Escuchas el tema que le da título al disco y ahí, prácticamente esta el retrato resolutorio. Tan solo un juego tan tontorrón y adictivo como dar vueltas en círculo en una piscina de plástico. Flaming Lips tuvo que montar una verbena sobre un escenario y Elf Power se consumieron en la íntima locura de cuatro inadaptados. Sin embargo su trayectoria por surrealista, absurda y a destiempo que parezca, es infinitamente más práctica.
Si eres capaz de ponerte “Wels” y no alcanzas un mínimo grado de empatía, posiblemente sea porque has perdido la vez.
Seguir hablando de cada una de sus canciones, saltando cual charranca de disco en disco una tarea inútil. Cuando al final, su exploración es un juego sin reglas o argumentos fijos. Pues en sucesivos álbumes hay una misma historia con distintos personajes.
Ni se sabe porque conforme avanzó el nuevo milenio, en un hipotético genocidio musical del pasado, infinidad de bandas se perdieron sin tan siquiera dejar huella. Cuesta entender porque a ti se te pasó por alto la maravillosa grandeza de WALKING WITH THE BEGGARS BOYS/2004, inundado de manglares de esperanzador Pop Folk luminiscente. “Evil Eye”, su título o “Invisible Men”.
Así, que ahora mismo intento averiguar que estaba yo escuchando aquellos años; maldito de mi. A donde fuimos aquel tiempo en el que uno no sabe si madurar enterrando la cabeza bajo un hoyo?. O dar por perdida la vida entre el amasijo de la noche; tampoco esto último te asegura la certeza de no perder por el camino los polvos mágicos.
Te vas dando cuenta eso sí, que tal como la idea de Andrew Rieger & Co. fue haciéndose más grande o igual madura. Perdiendo a lo mejor esa primera magia cínica y negra de nuestra existencia y avanzando por pasajes entre lo oscuro, reflexivo y espiritual. Su discografía empieza ya a coger forma de narración, que a lo mejor como digo (por separado) carece del sentido que le encuentro en conjunto o siguiendo el hilo. Tanto que tras echar a andar BACK TO DE WEB/2006 y darle fin, ni entiendo aunque admiro el revuelo que alcanzo THE DECEMBERISTS. Y porque ELF POWER con este disco por ejemplo, siguen siendo una banda ectoplasmática.
Canciones que parecen alargar el Folk doméstico con orígenes Balcánicos o de los Cárpatos, “Spider And the Fly”. Me encantan esas texturas de violines desafinados o Rabeles medievales, los fondos que parecen sacados de espléndidas Zanfonías y que dan a sus canciones vuelos míticos sin dejar de ser Pop. Y que sin embargo otras, tiendan a horadar tierra adentro igual que una lombriz tuneladora para que todo no sea tan fácil y cómodo.

Seguramente por esa serie de circunstancias que se cruzan en el firmamento, y que obedecen a destinos encontrados. Cuando normalmente, se escogen los caminos menos asfaltados y señalizados. Y son como decía mi padre “pastor”, las trochas que aprovechan el misterio de sus designios y el camino más accidentado para procrear en nuestra imaginación.
Un año antes de la muerte del grande Vic Chesnutt, la banda de Athems tuvo ese encuentro casi mágico. Una de esas cosas que pasan, y cuando escuchas el resultado no aciertas a entender porqué no pasó antes: Universos paralelos y conectados por hilos invisibles, o diría yo, la magia que ELF POWER ejerce sobre lo retorcido y complejo para traducirlo en un idioma universal.
DARK DEVELOPMENTS/2008 es mágico; así de simple y rotundo. Tienen ingredientes alejados de ambos artistas y que parecen suyos de toda la vida. El reggea trapecista de “Teddy Bear”, o la definitiva manera de empezar el disco con “Mysterio”. Desencanto, rabia y amargura con luz tornasol de aquellas que hacen llorar viendo el desenlace. Pero que sin embargo y pese a la rabia acumulada, emanan una cariño y luz tan enorme que su escucha produce felicidad. La pura fiesta celebrativa de “Bilocating Dog” o los pases de “And How” que parecen captar la misma felicidad luminiscente del último Robyn Hitchcock y los viejos Elfos.

Al cabo del año Vic Chesnutt se fue, sembrando más morbo indolente que interés por su legado; y ahí sigue.
Seguramente ya nada cambiará , y estás líneas entre lo farragoso y excelso no sirvan para avivar el interés por esta extraña banda; eso corre de cuenta vuestra. La posterior aparición en el 2010 del magnífico ELF POWER: Una puesta a cero con nombre propio, y un nuevo disco que horadaba entre la psicodelía subterránea y las miniaturas folkpop típicas del conjunto. Volvió a pasar inadvertido quizás, porque también es un trabajo desprovisto de los ganchos de sus primeros discos. Innecesario como ya deberíais saber, pues sus preciosos cortes como “Ghost of Johnn”, “Stranger on the Window” o la melancólica “The Taking Under” mantienen todavía el hilo de la conversación; que es lo importante.
Llegaría SUNLIGHT ON THE MOON/2013 y ahora, SWITCHING TIME; este mismo año. Dos discos tan intrascendentes que ni en los canales de descarga y difusión más IN aparecieron. No hay reproches, en absoluto. Cada día que pasa creo con más convicción que lo verdaderamente reseñable, atípico y por ello nutriente, debe costar y andar enterrado como las trufas.
No es que piense que hay un escalafón o una estirpe que hace que lo raro sea más bueno y lo “comercial” mierda. Pero no cabe duda que si todo fuera tan fácil de entender, asimilar o explicar, la vida sería taaaan aburrida y anodina.

Tras el intenso estudio, repaso o profanación de viejas cosas que andaban perdidas por casa. La de ELF POWER, no es que haya servido para que de repente SWITCHING ON THE MOON cotice al alza. Pero si para entenderlo infinitamente mejor o por lo menos, para confirmar que no existe el bueno o ni el mal disco. Solamente momentos y personas; todas diferentes por supuesto. A veces formas de afinar los sentidos cuando todo entra y filtros que distorsionan nuestro disfrute. En serio, hagan el experimento, verán que las cosas que nos pasan por delante pueden ser tan distintas como la luz del día.

domingo, 13 de agosto de 2017

LAS ROSAS_EVERYONE GETS EXACTLY WHAT THEY WANT_2017: AIRE FRESCO PARA LA TROPA




Todo se afloja y mis piernas; como si un bajón de tensión tras cuatro caladas mal dadas se apoderase de mi. Hace la misma mella que la lupa del malparido sobre mi cabeza.
Ya no hace falta que sean esas doce del medio día en punto, para que el niño cabrón del ático se dedique a prendernos fuego, como a hormigas; ¿le habremos hecho algo? Nosotros, correteando en busca de una sombra, el atisbo de las vacaciones o un mal trago para condensar, evaporar y... claro, para sudar.

Cuando miro hacia arriba, mientras puedo, solo pienso en montarme en mi auto y correr carretera abajo, serpenteando con los chichones de la montaña de Montserrat de fondo. Lo fue cuando arremetía la primavera en Marzo, y la lupa del bribón atacaba de costado; pero con la misma intensidad.
Y ahora casi cinco meses después, son las mismas canciones y melodías las que me empujan a pisar fuerte el acelerador.
La misma sensación, el mismo territorio y prácticamente las mismas carreteras: Quiebra y esquiva bordeando La Rovirola fuerte como si quisieras lanzarte desde el tobogán de un parque acuático. Silva a la vez que observas los restos quemados de la carretera de Sant Feliu Saserra hacia Avinyó, fuma sus restos incandescentes y el sabor de tierra seca. No llueve desde hace días, y si lo hace, nos lanza barro desde arriba.
Será para apagarnos o para sofocarnos?
Y suena más fuerte todavía “Mr. Wrong”.
Es gracioso. Los autos de ahora traen un invento parte ingeniosa y cuarto diabólica, que sube el volumen del reproductor según pisas el acelerador y se eleva el rumor del motor. Sin tan siquiera calcular que la urgencia por plegar y el disco acertado, puede producir una combinación un tanto peligrosa.
De todas formas, mi gusto por conducir y escuchar música, siempre me ha hecho descubrir álbumes que de otra manera jamás me hubieran calado del mismo modo.
Es esa extraña alquimia que produce la música, la carretera y los paisajes: Una fórmula sin matemática exacta. Y que hace que un disco tan aparentemente inofensivo como el debut de LAS ROSAS, se convierta en una medicina tonificante.

Un disco que además contiene con garbo y soltura, las guitarras más divertidas del otro lado del charco. Alimenticias en divertimento, y taaan poca posición forzada, que los amo desde la primera escucha precisamente por eso: Porque últimamente aunque agradezco enormemente el rescate de aquellos sonidos de los 70's (garaje, psicodelia, psycho, R&B etc). En ocasiones me dan la sensación de querer parecer algo, para lo que a lo mejor no estaban predestinados en pleno dos mil y largos.
La banda de Jose Boyer sin embargo y pese a su omnipresente guitarra surfera, dan a cada canción lo que se merece: Un soplo de menta, playa y salitre en plena urbe.

Del rock psicodélico vacilón, hasta su cara más tierna y melancólica; que es precisamente la más rica y suculenta. Saben, y eso me parece quizás el recurso más entretenido del disco, proponer el énfasis adecuado a cada una de sus canciones. Sin sacrificar el hipotético gancho de una canción en detrimento de su personalidad.
Bad Universe”, “Mexi” o “Rose” hacen puro caramelo de sus influencias ramplonas menos sangrantes aunque perfectamente válidas a Stiv Bator y esa generación de punks deudores del glamour más araposo. Esa forma ingeniosa y casi de juguete de quitarle importancia a la inspiración a la hora de confeccionar canciones eficaces. Y llevarse hacia un terreno en el que The Growlers o Allah-las acaban fallando por quizás aparentar de más. Convirtiendo canciones como “Red Zone” en pequeños clásicos de blues tropical, o tibiezas como “Secret” en juguetes que por su simpleza enaltecen el arte de crear música en pos del entretenimiento.
LAS ROSAS me gustan porque hacen fácil aquello que otros desdibujan a base de manosear. Sus guitarras son puro arte aún temiendo excederme en piropos.
Acaso se necesita más para que un disco suene con la golosería que lo hace “Moody”? Ese tipo de tonadillas donde la mala sangre se apiada de ti y de repente, sale de tus espaldas el típico fulgor áureo como aéreas alas.
Dicen que la felicidad y el atontamiento se dan la mano y hacen volar, y es cierto; el amor también, como la baba licorosa.
Apostar de firme por un lenguaje tan obvio y juguetear igual que un niño con la arena; predecible y pura. Para que toda esa broma resulte un trabajo lleno de huecos donde olisquear, arquear las cejas o dejarte llevar cuando te topas con “Boys” o “Ms America”. Dos cortes que realzan la sencillez al trote de unas guitarras elásticas donde se pespuntea el surf con el R&B y el Pop de influjo psicowestern arrabalero. No tienen nada que envidiar a otros que por trascendencia, envestida o fanfarria, vienen a llevarse el vellocino de oro. Como si se necesitase un carnet de socio por referencias para entrar en el olimpo; de echo creo que tampoco lo pretenden.
Y descubrir que hay mucho más a parte de tus prejuicios: Rock, Blues, Glam, Garaje, Pop y chulería de esa en la que el tontorrón de la clase acababa quedándose con el personal: Matones, guapos, listillos y esa profesora que siempre te señalaba.

LAS ROSAS son: Jose Boyer, Christopher Lauderdale y Jose Aybar. Originarios de Brooklyn y con un disco la mar de chulo y jugoso bajo el brazo.

lunes, 31 de julio de 2017

MAS IGNEUS (FA104) BLANC 2013_VINOS QUE NOS VIERON CRECER




D.O: Priorat (Gratallops)
Vi de Finca
Crianza de 4 meses en roble Francés de grano fino
Uva: Garnacha blanca
14% volumen alcoh.


Como en la mayoría de placeres que nos concedemos en la vida, con los vinos pasa a veces igual que con las personas. Que en el gusto de conocerlos y descubrirlos no es tan solo la empatía: con sus cambios de humor, complejidad, mirada o perfume afable.
Conocer y convivir nos cohesiona, pero cada cierto tiempo;más del que nos imaginamos. Hay una llegada con su encuentro que sobre todo aquello que creíamos vital y enriquecedor, nos marca de por vida como una dentellada y su cicatriz.

Lo mejor de todo no es el echo de la efeméride; que las esquivo con maestría simple y llanamente por no perpetuar el pasado más que lo justo. Sino qué nos convirtió, enseñó el camino o significó tal y como somos en el presente exacto. Inconscientemente, sin apenas notar que lo mejor es lo que no trasciende, y es más espiritual que terrenal.
Intentas poner en orden tu vida: eso que solo se hace a partir de cierta edad, viendo donde estamos y sin forzar la dirección de nuestros pasos. Recapitulas, recuerdas y más recuerdas:

Puedo situar con exactitud el lugar y el momento que bebí primera botella de vino. No el día ni el año, pero sí que era un clarete de Navarra. Cuando convertí en un hábito su sano consumo y estas primeras añadas de MAS IGNEUS a principio del cambio milenario; apenas con la treintena por montera y sin saber definirte como joven o adulto. E incluso puedo disponer con precisión quirúrgica, la magnífica ignorancia que bombeaba esos impulsos por abalanzarte con vehemencia hacia lo excitante desconocido.

Pues son esas cosas que pasan ya como la luz del día y la penumbra de la noche; las costumbres. Y que te encuentran en un callejón, a solas, cara a cara. Las que vienen a decirte: - Ves? Tal y como ahora eres, todo, al capricho de las casualidades.
Mirando a través de la copa de dorado pajizo. Entre la condensación y esas gotas que se deslizan vidrio abajo de irisación verdosa. Puedes incluso ver pasar suspirando los casi diez años que te ha llevado a entender AHORA este delicioso y resplandeciente elixir. Incluso darle más importancia que la que creemos darle, después de llegar a Álvaro Palacios y su Ermita tras pasar por Scala Dei, Marinent, Erasmus, Obac o Mogador e interpretar la significancia de la avanzadilla mediática y el anonimato más secular.

MAS IGNEUS pertenece a estos segundos: Pequeñas bodegas que han nacido de la colaboración entre cooperativas (La de Poboleda) y quienes han creído en el potencial de sus viñas, resistiendo no solo a la incomunicación, sino al canibalismo de la exitosa fama. Puede incluso que en ellos resida ese misterioso y silencioso secreto. Y apostaría que si no es así, por lo menos, sí el mensaje cifrado que nos debería enseñar paso a paso la grandeza de sus vinos/gentes.
Ahora y tras soltarse de la mano de ALTA ALELLA y emprender solos un camino incierto y heróico más si cabe. Veo (me veo) como en esa minúscula crisálida de ámbar resinoso, a mi mismo y la tierra que le da cobijo confitada. Una mezcla de mineral pedregoso y esencias que van desde las cáscaras de los cítricos apagadas y fulgurantes; según la hora del día. O las hiervas que crecen entre las gargantas y caídas libres de su orografía.
Su acidez es tan explosiva que te hace salivar, y tan deliciosa que es capaz de romper la volátil untuosidad, en algo muy distinto: la adicción cósmica. Ese adjetivo que es incapaz de describir la turbadora sensación que conecta directamente el paladar y el olfato con la excitación sexual. La que nunca acaba de saciarte o de descubrirte sus indescifrables misterios; se le dice complejidad?
Bueno, yo apostaría a que no siempre, y en contadas ocasiones. Encajan todas las piezas cuando se trabajas en entornos y con uvas tan exigentes. Seguramente que igual que dicen algunos, la magia ya está en esas uvas. Solo hay que darles el trabajo cuidadoso, y que la climatología sea benevolente.
Esta añada no tiene el peso ni la corpulencia de las primeras: vinos que no disimulaban su graduación, corpulencia o incluso una crianza más larga. 2013 parece ligero y punzante, pero en el fondo tiene el carisma de la Garnacha intacto. No sabría ni siquiera si es el cambio de barricas de Alier por otras de Castaño y Acacia, pues ya no me fio de las fichas técnicas o las etiqueta si no lo complementa con una nota de cata anual. Pero tiene un carácter único que ante la duda, solo me queda descubrirme por sorpresa. Más todavía cuando se trata de un viejo conocido, un compañero de viaje.


MAS IGNEUS FA104 no enseña sus dientes con su pálido pajizo. De echo no abusa en absoluto de la crianza con el objetivo de preservar la franqueza de las viejas Garnatxas blancas del Priorat. En ese trance podríamos entrever un vino indomable y astringente. Sin embargo, y con cuatro años de botella bien llevado, su perfume eleva a pura lujuria algo tan próximo y siempre subestimado como la tierra, el campo y las hierbas que lo decoran.
Creen de veras que las piedras no hablan? Que solo son las flores y el exotismo tropical? Pues quizás deberían perderle el miedo a ese lenguaje de la tierra con su paisaje de murallas graníticas custodiando laderas imposibles. Allí y en su entorno se entiende mejor el lenguaje centenario de Mas Igneus y su sorprendente conexión con la sabiduría de Tondonia.

La de esta Garnatxa es bastante más arrogante y directa. Evoluciona y cambia, aparece la retama, la flor del tomillo y el limón escarchado. Tiene la longitud de los rápidos montaraces, acaricia y sacude su acidez mezcla de pizarras y caliza. Un vino expresivo y hermético si eso pudiese combinarse en un término. Explosivo cuando amanece de sol mediterráneo perdido entre hondonadas y trialeras imposibles. Un Maquis.


viernes, 21 de julio de 2017

SLOWCOACHES_NOTHING GIVES_2016: TODO LO QUE ESCUECE CURA



Que los planos se tuerzan justo cuando queremos trazar líneas nítidas y rectas en este laberinto veraniego, es un hecho contrastado. Más si cabe cuando con los brazos al cielo el lerenda (en este caso quien firma), ve como en cuestión de cinco días cancelan dos de esos conciertos salvadores a los que uno se aferra a las puertas del infierno.

No son los protagonistas, los motivos circunstanciales ni aquel abuelo que te tangó la última botella de 3 lustros en un acto de humanidad lleno de pedantería; que eso también pasó, pero es de otra fanega.
Que caigan llamas del guardarropía de Sidecar y el repeinado líder de Orwells ponga pies en polvorosa a la cuarta de canción, puede ser un accidente; sí eso, un accidente. Que se nos venda como la reencarnación de Daniel el travieso con la melena cardada, y se presente con el look de Brett Anderson y se nos raje, eso... Yo a eso lo llamo vendernos praliné tres colores por nocilla. Sí sí, mmedá lo mismo que me digan inconsciente y rencoroso.

O se es punky, o un domador de pulgas del circo cric. Ahora eso sí, los que triunfaron fueron los organizadores y la sala Sidecar, de los que aun estoy esperando una disculpa formal pública o por email.
Y que te agarres como ángel salvador al bolo de Ron Gallo tres días después, para que venga y diga que el zagal cancela por imposibilidad de cuadrar fechas a un día de tocar el el FIB. Eso... yo a eso lo llamo ser cenizo diplomado.

Menos mal que mi socio Xavi, y quien aquí caza el mal de ojo al vuelo , nos emperramos en dar el sentido real a las soluciones por encima de los problemas. Y de lo que pudo ser un viernes desconsolado se hizo tornasol:

Son la gente, los líquidos por los que nos deslizamos, o el optimismo por encima de la penumbra; que es relativa. La gente sobre los motivos: Jackie, Georgia, Xavi, la amiga o la vedette. Pues no acostumbro a maldecir el nivel de desgracia que debería hacer que me compadeciese. Y prefiero pensar que hasta la vida es un accidente en si misma, y nosotros la guerrilla que busca la contraofensiva; si es con el estómago lleno mejor.
Porque tampoco vamos a negar la complicidad del CELLER CAL MARINO con sus platillos, vinos y jereces. Y la compañía y la oratoria que ayudó. O la hierva camino de Singapur rematando de cabeza en fuegos artificiales, con THE MEETUP y LOS BENGALAS untando de brillantina y vainilla la noche.

De vuelta a casa en virajes ortopédicos y luces que se traducían como mensajería morse, atronaban SLAVES. Ese tipo de latigazos que rubrican y ensalzan una noche como tal; singular.
Esos mismos aguijonazos que suenan igual que las trompetas del apocalipsis, pero más al estilo de Radio Prague. Confirmando de forma apoteósica el objetivo, sea cual sea: El final de la jornada, el nuevo día o el regate con grácil soltura de la enésima trampa del dios Xólotl.
Por eso, cuando arrancó por primera vez “Living Out” al rebufo del 2016, algo prendió la mecha. Algunos dirán que como tantas veces a pasado, hay una generación en descomposición sin marcha atrás que siempre se aferra al pasado: Fueron los 60, los 70 u ochentas, no se si los 90 van camino de convertirse en un mito para infectados. Pero igual es el tiempo necesario para concluir con certeza lo grande que fue algo. Hablamos de añadas, que igual son décadas.
Los muchachos de Leeds, SLOWCOACHES así pues, podrían ser ese eslabón perdido capaz de aunar la rabia inocente de RAMONES y el vigor prematuro de ASH: Punk con el miedo que da por pura actitud y esencia por encima de la canción.
Un conjunto de dentelladas con el revés de Serena Williams y el natural atrevimiento de Kilian Jornet; magia y mala hostia.


NOTHING GIVES le dio la extremaunción al 2016, como si las rebajas de navidad nos obligaran a soltar lastre. Sólo que a veces, los que como yo, saldan su deuda con las manillas del reloj a golpe de timón, sucede. Y necesitamos el pescozón de los doce demoledores cortes que dan cuerpo a este vigorizante disco.
Un debut de largo el de este trío, que no da tregua de principio a fin. Con el mérito incluido de defender como gato panza arriba lo que muchos ya reniegan como Punk, Popunk o el fuzz que ahora prefieren etiquetar. Sin saber del todo, si es que ya nadie esta preparado para el sentido etimológico de la música o prefiere echar a correr cuando oye hablar de las esencias más puras y virginales.

El caso es que entrando a desbrozar. Nothing Gives tiene la ventaja sobre otros elixires que brotan bajo la espesura. Que carece totalmente de pretensión o de impostura con ánimos de caer en gracia. Suenan tal y como lo haría cualquier banda lejos de la City, amamantados entre Pubs, bancos de parque y depresión laboral. Música como arma arrojadiza tal y como se escupe la creatividad por simple supervivencia.
Quizás esa sea la razón más evidente de la complexión de sus canciones: La rabia, pero sin renunciar en absoluto a un sonido que hace especial hincapié en el armazón y una sección rítmica martilleante. Esa descarga que te destensa y afloja cada uno de los pernos que nos atan a las obligaciones y esa maestría de driblar aguafiestas, compañeros de trabajo impertinentes y obligaciones penitentes. Y que concluye a la salida con refregón con sangre y todo de “Ex Head”, impetuoso y hardcoriano. O “We're so Heavy”, como bien dice su nombre le debe al inicio la oscuridad más propia del black metal pero acaba inclinándose hacia al sonido americano.
No es un simple disco confeccionado a golpe de guitarrazo y saturaciones; sería lo fácil y predecible. Nothing Gives tiene la intención clara de jugar con tics muy variados pero sin el más mínimo titubeo. De la dureza a la melodía, y de la velocidad a una esencia muy rockera, pero tan fresca como un chapoteo en aguas alpinas. Se la juegan a una carta, y se nota cuando suenan temazos del calibre de “Raw Dealings” o “Drag”; un torbellino oigan.
Esa manera de atacar las canciones por la vía directa incluye el kit de supervivencia y un botiquín para lamernos las heridas. Gusta el escozor y la obligación de subir el volumen, porque este disco lo precisa. No valen tentaciones al desconsuelo ni lloriqueos.
Sus canciones brotan con ímpetu bestial, y atornillan donde ya nadie quiere apretar: Gimnásticas de pectorales y bíceps poderosos sin aparentar más de lo que empuja la juventud de suburbio.
Thinkers” es ramoniana pata negra al más puro estilo Dee Dee. “Norms & Values” se precipita igual que Mark E. Smith bañado en espuma malteada, y salpica como su guitarra final; bestia, muy bestia. Es una gozada para liberar tensiones, gritar y berrear, golpear como baquetas el cambio de marchas y darle gas. Emociona ver como la huida hacia sonidos placenteros solo tiene de cobardía y comodidad lo que no de atrevimiento a la hora de enriquecer himnos míticos. Basta con echarse a cuestas “54” con ese golpe Made in Ramone puro e inmortal.
Tirarse cuesta abajo con las cajas de plástico del pollero y hacerse mistos los pantalones que tu madre te compró en “el barato” anteayer cuando retumba “Levity”. Y sucumbir al desenlace Punk fuera de toda norma, más que nada porque odio que no se llame por su nombre a las cosas que en verdad no tienen nombre, pues son parte de la semilla originaria. Hace falta envolver para regalo unos tejanos raídos y una camiseta carcomida? No. Pues con la música pasa igual.

Necesitamos sangre, perder el pudor de parecer humanos defectuosos y maravillosamente reales. Porque todo lo demás son inventos nos hacen parecer productos prefabricados, en lo fiero, y en lo dulce.

viernes, 7 de julio de 2017

OCHO PATAS TIENE LA ARAÑA, Y OCHO ARAÑAZOS LA FIERA_CUMPLEAÑOS CON_PLAY




Me ha caído un sol, si señora. La cabeza aplanada como una meseta de bordes graníticos precipitados, y los ojos fundidos igual que un deslumbre.
  • Ha visto a mi niño? Salio temprano a cazar moscas para la Salamandra y aun no ha vuelto. Y mira que le dije: - Cuando huyas siempre hazlo hacia arriba, nunca hacia abajo. Alza la cabeza con el mentón como ariete. Y cuando te rompas la crisma, que sea con conciencia y ganas. Mejor intentando tocar la luz con los dedos que cerrándolos de impotencia.
Se enamoró y perdimos de vista a aquel pequeñajo de pies grandes; creció. Sus pies dejaron de parecer grandes y el envase se hizo al alma como el pepino al orujo: Esa botella que se guardaba como elixir curativo en el mueble bar de mi madre, y que decían que curaban los siete males; menos el séptimo: El mal de amores mordientes.
Enorme cucurbitácea que a si misma se hizo presa buceando en brisa. Y que al paso de los años solo asomaba el hocico pidiendo tan solo un beso, un beso nada más.

Los ocho años que relatan esta bitácora marina de timones rotos y capitán tarumba. Son los del diario de abordo que resume el sinvivir aleatorio y caprichoso de mareas y vientos. Nos sirve -me sirve- para recordar qué fue ese día, y porque lo relaté así. Reitero y machaco que con el pasar de los años y la memoria no es que se pierda, es que selecciona como el tirador a su presa. Lo que hace un tiempo urgía, ahora se aplaza por simple antojo de dejar que el tren pase hipnotizado con el chisporroteo de las catenarias.
Ocho años que no he celebrado en más que menos ocasiones, y que este 2017 toca.
No porque haya algo celebrable. Sino porque en ocasiones hay que enfatizar, y poner el lazo al momento para certificar que existimos; aunque solo sea como meros espectadores.

En este acopio de canciones habría mucho de que hablar, trillar y manosear. Pero mira tu por donde, nos vamos a callar, bajaremos el volumen de la luz y la jauría, para subirnos la del reproductor.
Se hará el vacío y escucharemos. Tan solo escucharemos; en silencio.
De la música y su efecto en el fondo no hay mucho que decir. La verdad es que te pueden explicar lo dura que va a ser tu vida, o que la tuya no va a ser ni de lejos tan dura como lo fue la de tus padres. Tu horario de entrada, el de salida y tus tareas. Las lecciones inútiles de las cuatro reglas y lo importante que es la actitud. Pero de la música? De la música no se habla, se escucha.
Sin prisas ni condiciones. Sin ascos ni el mal vicio de apartar la verdura y comerte solo la carne.

Esos dos receptores que se alojan a cada lado de la cabeza tienen... lo que carece el resto de sentidos; ninguna condición para utilizarlos: Ni hace falta enfocar y dirigir la mirada para contemplar con estupor la elegancia de la naturaleza, ni alargar el brazo para acariciar tus senos o echarse a la boca un helado de carmín. Ellos cazan al vuelo y transforman en reacciones químicas y físicas lo que por allí pasa.
No hay filtros, reglas, miedos ni posturas sino instinto cazador y depredador. La educación mata la creatividad, y los hábitos esclavizan el más mínimo atisbo de riesgo.

Date una oportunidad ¿o acaso te dolió la primera vez?


00_THE NEW YEAR_recent history
01_GUIDED BY VOICES_5 Degrees on the inside
02_SLOWCOACHES_Living out
03_CENDE_End
04_KEVIN MORBY_1234
05_DESPERATE JOURNALIST_Lacking in your Love
06_ELF POWER_All things
07_ROZWELL KID_Uhf on dvd
08_RON GALLO_Kill the medicine man
09_SEA PINKS_I don't know what i would do
10_THE BLACK WATCH_Whence
11_BRITISH SEA POWER_THe voice of ivy Lee
12_L.A. TAKEDOWN_Heatwave
13_HAPPYNESS_Tunnel vision on your part
14_ROBYN HITCHCOCK_Sayonara Judge
15_LOS PUNSETES_Estrella distante
16_SPIRAL STAIRS_Dundee man
17_STARWHEEL_Drip Feed
18_THE PAPERHEAD_Dama de lavanda
19_SPLASHH_Gentle april
20_CIGARETTES AFTER SEX_Sweet
21_TIMBER TIMBRE_Western questions
22_FUFANU_Gone for more
23_THE NEW PORNOGRAPHERS_Play money
24_WAVVES_No shade
25_THE AFGHAN WHIGS_Demon in profile
26_FUTURE ISLANDS_Cave
27_REAL STATE_Saturday
28_MATTHEW SWEET_You knew me
29_BEACH FOSSILS_May 1st
30_PORTUGAL THE MAN_Feel it still


domingo, 11 de junio de 2017

TRASHCAN SINATRAS_WILD PENDULUM/2016_NO VES QUE ESTOY DESNUDO?



Wild Pendulum es ese tipo de disco que te llevarías de paseo en un día cualquiera por Central Park.
No importaría demasiado la estación del año, la hora del día o la compañía. Porque los hermanos Douglas crearon el pasado año una nebulosa melódica clásica, llevada a su vertiente más Pop. Justo cuando sabes que eso ahora no toca. Y solo por eso, tienes la seguridad de que es el camino, sin pestañear.


Direcciones contrarias a las corrientes, que nos desarrastran poniéndonos el corazón vuelto. Y que igual que en un acto de rebeldía inocente, por lo menos, nos legitiman para revolvernos contra lo establecido.
Los cuarenta pasados tienen eso: Te tiras media vida intentando establecer un orden y acomodándote. Para darte cuenta al cabo del tiempo, que al margen de la vida que se nos pierde sola, lo que nunca hemos de perder es la facultad de revelarnos contra el orden mercantil de nuestra existencia. Esa que nos cae como una losa desde arriba, sin saber bien o ignorando quien narices la envía y que de repente la tenemos atenazándonos como grilletes.
TRASHCAN SINATRAS nunca estuvieron de moda. Ni siquiera cuando debutaron con CAKE en 1990, y mucho menos con su espléndido I'VE SEE EVERYTHING/93. Cuando llegó a las estanterías de nuestras tiendas en el 96 HAPPY POCKET; el disco del canguro borroso. Medio mundo estaba ya colgado de las nubes con el BritPop y el Grunge.



Así que el empeño de volver diez años más tarde, y hacerlo aparcando su pop más punzante: Aztec Camera, Lloyd Cole & Commotions, Prefab Sprout...; y los inubicables. Para retornar más cerca de su ídolo de juventud Frank Sinatra, mirando de reojo a los 50 y al perfume melódico de los clásicos inundando sus composiciones. Por esa razón seguramente he tenido aparcado este disco desde el pasado año, temeroso por haber perdido aquello que más me gustaba de ellos: su pop inmediato, luminoso y quebradizo.
Por suerte cuanto más grande me hago, más me convenzo de la tiranía del tiempo y lo poco que creo ya en él. Algo que me reconforta, cuando olisqueando en todo lo que conservo como testimonio de un año aparece de repente de forma reveladora. Transformando el anonimato en algo realmente grande, lleno de texturas y sonoridades que te llevan a escenarios inéditos.

Ese efecto que produce saborear la música y tantos otros placeres desde el “momento”: Esa unidad de medida donde confluye tu estado de animo, la visión del paisaje y esa cosa que te brota de dentro. Dando con la clave mágica para disfrutar de algo, lo que sea, justo y en ese preciso instante, y que normalmente jamás vuelve a ocurrir de la misma manera.
Me da la sensación que entre los pleamares de sus primeros discos, sus armonías vocales. O los pasos entre sus discos más inocentes y la madurez de sus posteriores composiciones. Se haya WILD PENDULUM unificando ambas cosas, y transformándolas en algo que no es una, ni otra cosa. Tan solo un disco que fluye sin la presión ni el pulso por forcejear con el paso del tiempo y su batalla perdida para con ¿la fama? Tan solo “Best Days on Earth” conserva ese bago recuerdo al Pop evidente de los 90's.
El resto es un puro vals de abrazo partido y manos que agarran con fuerza al punto de la gangrena. Levitaciones que prenden en vuelo como torbellinos de psicodelia sixtie en “Ain't That Nothing”, con inédita luz. Y que se abalanzan sin miedo hacia terrenos desconocidos hasta hoy.
No es una evolución o trasformación, pues todo su santo y seña sigue ahí: Sus melodías vocales, sus envoltorios vaporosos y espaciosos. Esa especie de Pop con formas amables y cariñosas que confunde la ñoñería, con el romanticismo más sincero y real.
Y es cuando “I Want to Capture Your Heart”, “Neighbour's Place” o “The Family Way” rompen con una melancolía de pureza sin parangón, a lo noches blancas de Dostoyewsky. Cuando WILD PENDULUM aparece de sopetón, como una rara avis en su discografía. “I'm not the Fella” podría ser sin apelativos, esa canción que escenifica a un clásico del cine americano de los 50, con Cary Grant acariciando la tormenta infesta de nuestros días.
La Paz de los hermanos Wilson colgados de un cocotero apedreándote el corazón con capas, y más capas. Y no es otro que “What's Inside the Box” que ensalza aquello que apesta a pachuli y batido de fresa perfumada. Solo que entre lo hortera y lo delicioso dista un mundo. Posiblemente porque la cuestión de caer en la zalamería de nuestra ternura más vomitiva, es tan solo fachada y miedo a enamorarnos y ser niños otra vez.


Lo dice “Waves (Sleep Away My Melancholy)”. Esa canción de amor y cuna con perfume a Mustela, que nos vuelve de golpe en indefensos seres a la deriva.

Dejarte querer, necesitarlo, no es malo sino necesario. Las formas son indistintas tanto si son sucias como puras. La cuestión es amar sin condiciones ni ultimátum que hagan del cariño una moneda de cambio interesado. Y éste, seguramente, sea el disco elaborado con más cariño en muchos años. 

domingo, 4 de junio de 2017

HAPPYNESS_WRITE IN_2017: LA VIRTUD DE LA SENCILLEZ o EL, SI TU ME DICES VEN...




Las calles se arrugan a su paso saltando las losas como en un juego de dominó. Su belleza y esbeltez no son evidentes ni desmesuradas, y puede ser su mirada o el brillo de sus pupilas; indefinido. El encanto que deslumbra y a la vez narcotiza.
Tú sabes que es amor a primera vista. Y pese a que llevas toda la vida discutiendo y negando la existencia del mismo, asumes tu derrota y el desarme. Ella sin embargo sigue avanzando distraída en su caracola espiral; la melodía. Esa que un día te robó el alma y día sí día también te asalta de repente y sin avisar.

Es fantástico ver que en esto del amor por las canciones no hay un ideal de belleza. Sino otra puerta más que se abre de aire fresco que corre a ras de suelo envolviendo las estancias. La que ventila los ambientes cargados de toxinas.


Publicaron hace tres años su debut, Weird Little Birthday/Weird Smiling; auto editado se entiende.
Sin más gloria que pena, apenas llamaron la atención en algunos medios especializados por esas pequeñas microconexiones con el Lo fi despeinado de Pavement; si acaso Yo La Tengo y lo típico...
Tuvo que pasar otro año hasta que el sello de su propia ciudad Moshi Moshi Records los fichara y volvieran publicar su extenso disco de debut; esta vez con cuatro nuevos temas. Allí yacía “Montreal Rock Band Somewhere”: Un clarividente punto de inflexión que sumaría a su magnífico estreno, el revelador designio que han tomado sus nuevas composiciones en Write In.


                              *****************


Llegaron casi que así: regando las calles de fresca, y enchufando los naranjos en flor con los cerezos al tapiz primaveral. Y no se si es porque el pluviómetro se ha disparado este 2017. Pero llegamos a la primavera explosiva con unos campos frondosos de canciones, y fértiles como pocos.
Nos llamó la atención de primeras, sus temas más revoltosos y desarmados. Aquellos que nos recordaban ligeramente a Steve Malkmus y su brigada de asfaltado: “Naked Patients”, “Anything I Do is All Right”” o “Refrigerate Her”. Pero todos sabíamos tras indagar en su espléndido debut de belleza tan extraña como la de un Tapir, que lo que los hacía distintos al resto no era eso precisamente. Sino ese raro talento por detener las agujas y ver que los acordes de sus canciones más contemplativas, saltaban de flor en flor cual invertebrado. Y que cada nota formaba un entramado tal como una encaballada sostiene una enorme cubierta parasol.

Es una teoría, pues una cosa es lo que buscamos, y otra bien distinta la que encontramos.
Yo me quedo con lo segundo, en todo o en casi todo en la vida. Con la música especialmente me pasa que ya he dejado de buscar, y sólo me quedo inmóvil a que me asalten. Me roban el corazón, es cierto. Pero en esa sensación rara de vaciarte para llenarte, es cuando de verdad todo tiene algo de sentido.
Cuando irrumpe por ejemplo “Falling Down” como un carrusel desvencijado. Es el sentir que el engranaje vuelve a ponerse de nuevo en marcha: Una vida haciendo versiones y mal tocando con la fórmula intacta del trío, hasta que han sabido construir como si no quiere la cosa su pequeño universo. Hasta que los socios han hecho que las cuerdas se doblen y que irrumpan los pianos con sus nebulosas sónicas. Para que con dos discos ya hayan conseguido lo que a otros les ha costado el drama de la separación.


Y si aquel primer disco que llamó la atención a base de insistir, era como un tren de largo recorrido: Donde es más importante el destino y el paisaje del camino, que las estaciones donde tiene parada. El nuevo, es como un apéndice del anterior más que un nuevo álbum por así decirlo.
Un sesteo en la copa del árbol más grande del mundo, como cazado entre los caracoles del pelo afro de Julius Erving y oteando las caprichosas formas de la costa; así es como se escucha la nueva delicia de los Londineses. Esas sensaciones de mullido y contemplación, lo mismo que si estuvieras en pleno bajón de tensión pero premeditado, y bajando los escalones de dos en dos.
Y aunque entienda un empeño más que evidente por quererlos ubicar en un tiempo pasado concreto. Yo, me conformo con lo virtual de sus evocaciones: blandosas, cremosas y doradas como la piel tostada al sol o el alma tiznada de urbe.
Que la luz no solo vive de sol infrarojo.


Tic tac, es ese piano que Elton Johnn nos podría tocar armónico y tramoyista. Como quien decora la entrada con los placeres dados de “The Reel Start Again (Man as Ostrich)”, y nos preparase para el despegue... De “ Anytime” back to the USSR, en vuelo raso de shoegaze rasurado y hasta diría que adecentado; precioso por así decirlo.
Por un lado tiene ese deje de Pop Barroco tan y tan británico. Y por otro un asomarse a u precipicio y señalar el otro extremo del Océano. Quizás porque tanto Beatles, ELO o Beach Boys mamaron de las mismas ubres psychovictorianas; basta con acercar el monóculo a “Through Windows” para derretirse. Y confirmar que la primavera masiva que invade mi ciudad estos días, no es la misma que fue y que hizo de la intimidad y rareza, un estigma a defender.
Uptrend/Style Raids” si es cierto que rescata esas maneras, deje o hasta bucle a la hora de coger lindes sin quitamiedos. Emulan a Pavement? Ellos sacaron petroleo de una actitud; hasta cierto punto nihilista. Pero allí había mucha sustancia del pasado, solo que con una personalidad arrolladora. Happyness tienen eso: carisma y mano izquierda.

Lo fácil, ahora que las tragaderas musicales prefieren los potitos bledine azucarados y de composición nutricional equilibrada. Hubiese sido rempanchingarse y dar garrafón.
Pero lo cierto es que canciones como “Victor Lazzaro's Heart” nos obligan a rebobinar y a encontrarnos con la magnificencia tímida de Georges Harrison y otros tantos, que hicieron de la discreción una virtud entre tanta desmesura. Esa manera de explorar en la musicalidad desde el trastero y el flojeo de piernas: “Anna, Lisa calls” es cierto que va camino de reivindicar los 90's como una filosofía, sin saber si es por méritos propios. O porque el cambio de milenio nos sorbió el sentido de la contradicción.
El caso es que abreviando el empeño reinante de confundir la novedad con el talento. Que bandas como Happyness vengan a rellenar el vacío de “variedad”, me parece fantástico. Ya no solo por gusto personal; que igual a estas alturas ya se vicia. Sino porque es necesario renovarse y luchar contra la odiosa inercia de lo prefabricado.
WRITE IN tiene vida propia. Esa que te va ganando poquito a poco y que hace que nimiedades de la talla de “The C is a B a G” leviten por naturalidad y sencillez. Y que sea hasta la bocina final; como los partidos fratricidas de basket. Que no se decida la victoria final, la rendición y el postramiento cuando “Tunel Vision on your Part” es la que pone el punto final.
Una de esas canciones con las que te das cuenta que la melodía es tan idónea, que podría así, eternizarse de por vida. Esa cosa que solo Lou Reed & Co. , los Hnos Kadane, Luna, y un puñado de privilegiados más pueden ostentar: LA MELODÍA ETERNA. Y que incluso son capaces de absorber igual que un agujero negro los recuerdos, con imágenes.

La mía, una ascensión hacia Gratallops, minimizado entre columnas graníticas imponentes e indefensión ante lo verdaderamente grande: LA NATURALEZA.